Al alcance de la mano

Estás ahí, a escasos 50 metros. Ahí, donde te dejé la primera vez y donde ahora te vuelvo a encontrar. Ahí, muy cerca. Ahí, donde no pensaba verte.
Estás ahí, en el lugar de siempre. Ahí, donde el viento te deja siempre despeinado. Donde el reflejo del sol en tus anteojos no deja que se luzcan tus ojos. Tus ojos verdes y chiquitos.
Estás ahí, al alcance de la mano. De eso no hay dudas.
¿Te podré alcanzar?

Chau, histéricos




¿Te gusto? Vos a mí, sí. Y ya te lo dije. Pero vos, en lugar de responder con un "yo también", o con un "vos a mí, no", vas y venís con tus mensajes poco claros, histéricos, insoportables.
Si no te intereso, no me mandés mensajes. No me deseés que tenga "un lindo día" de la nada. No me invités a tu casa. No te hagás el amigo, si nunca lo fuimos.
No me digas "hermosa" ni me hables de besos que nunca me vas a dar. No me invites a un viaje si no vamos a caminar de la mano.
Decime que te gusto. Invitame a salir. Dame un beso. Llamame por teléfono.
Así nos vamos a entender mejor.

Del mensaje al Whatsapp


virtual.
(Del lat. virtus, fuerza, virtud).

3. adj. Fís. Que tiene existencia aparente y no real.


real1.
(Del lat. res, rei).

1. adj. Que tiene existencia verdadera y efectiva


A ver si, después de esta brevísima introducción, nos (me) ponemos (pongo) de acuerdo: me saludó por el chat de Facebook. Es verdad, es poco frecuente que lo haga. Hace unos meses, además, me mandó un mensaje de texto.

Después descubrió que yo tenía whatsapp, y me lo comunicó por ese medio. Su mensajito decía "Hola!" y tenía una carita feliz. Ojo, no a cualquiera se le envía una carita feliz. 

Ni les cuento cuando retwitteó la foto que subí. Y ayer, justamente ayer, faveó el enlace que posteé sobre "Cómo hacer feliz a una mujer". Y él favea muy pocos twitts. A eso sí lo puedo asegurar.

También me contactó por LinkedIn, y me pidió que lo recomendara. Y, por lo que vi, tiene muy pocos contactos y abrió su cuenta hace bastante, así que puedo concluir -tranquilamente- que me buscó especialmente para profundizar sobre mi perfil profesional.

"¿Tendrá onda conmigo?", les pregunté a mis amigas cuando concluí la narración que acabo de compartir con ustedes. "¡Obvio que sí! Se re nota", me contestaron. "Pero nunca me invitó a salir, ni me llamó por teléfono", retruqué. "Ay, una llamada y un mensajito es lo mismo", insistieron. Pero no. No es lo mismo.

Lo virtual es aparente. Lo real tiene una existencia verdadera y efectiva. Lo virtual me convence porque así lo quiero yo. Lo real me decepciona, porque así lo quiere él.

Te propongo que dejemos lo virtual de lado, y elijamos lo real. ¿Qué decís?