Del mensaje al Whatsapp


virtual.
(Del lat. virtus, fuerza, virtud).

3. adj. Fís. Que tiene existencia aparente y no real.


real1.
(Del lat. res, rei).

1. adj. Que tiene existencia verdadera y efectiva


A ver si, después de esta brevísima introducción, nos (me) ponemos (pongo) de acuerdo: me saludó por el chat de Facebook. Es verdad, es poco frecuente que lo haga. Hace unos meses, además, me mandó un mensaje de texto.

Después descubrió que yo tenía whatsapp, y me lo comunicó por ese medio. Su mensajito decía "Hola!" y tenía una carita feliz. Ojo, no a cualquiera se le envía una carita feliz. 

Ni les cuento cuando retwitteó la foto que subí. Y ayer, justamente ayer, faveó el enlace que posteé sobre "Cómo hacer feliz a una mujer". Y él favea muy pocos twitts. A eso sí lo puedo asegurar.

También me contactó por LinkedIn, y me pidió que lo recomendara. Y, por lo que vi, tiene muy pocos contactos y abrió su cuenta hace bastante, así que puedo concluir -tranquilamente- que me buscó especialmente para profundizar sobre mi perfil profesional.

"¿Tendrá onda conmigo?", les pregunté a mis amigas cuando concluí la narración que acabo de compartir con ustedes. "¡Obvio que sí! Se re nota", me contestaron. "Pero nunca me invitó a salir, ni me llamó por teléfono", retruqué. "Ay, una llamada y un mensajito es lo mismo", insistieron. Pero no. No es lo mismo.

Lo virtual es aparente. Lo real tiene una existencia verdadera y efectiva. Lo virtual me convence porque así lo quiero yo. Lo real me decepciona, porque así lo quiere él.

Te propongo que dejemos lo virtual de lado, y elijamos lo real. ¿Qué decís?

Silencios

"Me gusta cuando callas porque estás como ausente", escribió Pablo Neruda. Esta frase tan repetida, tan escuchada, tan gastada, merece ser reformulada según mi experiencia -y con el debido respeto que el maestro Neruda me merece-.
Comenzaría anteponiendo un No. No me gusta cuando callas. ¿A quién le gusta el silencio? ¿Quién es feliz sin la respuesta a esa pregunta que tanto le costó formular?
Segunda modificación: no estás como ausente. Más bien, estás ausente. De otra forma, sería imposible explicar por qué elegís no acusar recibo y llenar mi cabeza de silencios. Silencios que se transforman en vacíos. Vacíos que se convierten en preguntas. Preguntas que reciben respuestas formuladas por mí. Respuestas formuladas por mí que, a decir verdad, deberían ser tuyas. Y que no lo son, porque callaste. Por eso puedo afirmar que No me gusta cuando callas porque, definitivamente, estás ausente.

Todos iguales


"Son todos iguales", repetimos nosotras sin cansarnos, una y otra vez, después de un nuevo romance frustrado. Es nuestra frase de cabecera; la muletilla infalible; el pretexto con el que justificamos otra relación fallida.
"Son todos iguales" es nuestro escudo; el lema del CFMD (Club Femenino de las Mujeres Despechadas); sería la contraseña de una logia secreta de la que todas desearíamos no formar parte; el estado de Facebook más repetido en el mundo; el twitt con más favs del planeta.
Sin ánimo de que me desafilien del CFMD, hoy me atrevo a afirmar que no es que no hayan hombres diferentes. Es que esos "todos" que "son iguales" son los que yo elijo: siguen un patrón; tienen puntos en común; guardan más similitudes que diferencias. Así que si "Son todos iguales" es por mi culpa, por mi culpa, por mi culpa.


Nota de la Autora: No se aflijan. Ya voy a aprender a elegir.